El arquitecto chileno Smiljan Radić ha sido galardonado con el Premio Pritzker de Arquitectura 2026, el reconocimiento más prestigioso de la disciplina a nivel internacional. El jurado ha premiado una trayectoria singular que, durante más de tres décadas, ha desarrollado una arquitectura experimental, sensible al territorio y profundamente vinculada a la experiencia humana del espacio. Radić se convierte así en una de las figuras clave de la arquitectura contemporánea latinoamericana, consolidando una obra que se ha movido siempre en los márgenes de la espectacularidad mediática para explorar, en cambio, la relación entre materia, paisaje y cultura.

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ToggleUna trayectoria construida desde la experimentación
Nacido en Santiago de Chile en 1965, Smiljan Radić se formó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se graduó a finales de los años ochenta. Poco después emprendió diversos viajes por Europa que ampliaron su mirada sobre la arquitectura y consolidaron un interés por las tradiciones constructivas y las culturas materiales.
Desde la fundación de su estudio en Santiago a mediados de los años noventa, su obra ha mantenido una actitud investigadora constante. Lejos de construir una “marca” formal reconocible, Radić ha desarrollado proyectos muy diversos entre sí, unidos por una misma inquietud: explorar cómo la arquitectura puede surgir del lugar y transformar la percepción del entorno.
En su trabajo conviven referencias aparentemente dispares —desde la arquitectura vernacular hasta la escultura contemporánea— y una constante búsqueda de materiales capaces de generar atmósferas inesperadas. Sus edificios suelen situarse en una frontera ambigua entre lo robusto y lo frágil, entre lo primitivo y lo tecnológico.
Obras que han marcado su proyección internacional
Aunque su estudio mantiene una escala relativamente contenida, Radić ha firmado algunas de las obras más influyentes de la arquitectura chilena reciente. Entre las más conocidas destaca el pabellón temporal diseñado en 2014 para la Serpentine Galleries en Londres. Aquella estructura translúcida apoyada sobre grandes rocas —una especie de volumen etéreo suspendido en el parque de Kensington Gardens— situó su trabajo en el foco internacional y reveló su particular manera de concebir la arquitectura como objeto casi escultórico.
En Chile, uno de sus proyectos públicos más relevantes es el Teatro Regional del Biobío en Concepción, un edificio cultural que se abre al río mediante una volumetría rotunda pero serena, concebida como una gran linterna urbana.
También destacan obras residenciales como la Casa Pite en Papudo, donde la vivienda se incrusta literalmente entre formaciones rocosas del litoral chileno, o el Restaurante Mestizo en Santiago de Chile, una intervención que combina una estructura contemporánea con una intensa relación visual con el paisaje natural que la rodea. En cada uno de estos proyectos aparece una constante: la arquitectura como dispositivo capaz de intensificar la experiencia del lugar.
Una arquitectura que desafía las convenciones
El jurado del Premio Pritzker de Arquitectura ha destacado la capacidad de Radić para desarrollar una obra que evita los clichés del icono arquitectónico global. Frente a la espectacularidad formal que ha marcado parte de la arquitectura reciente, sus edificios proponen una relación más silenciosa con el entorno.
Sus proyectos trabajan con materiales poco convencionales, estructuras aparentemente inestables y formas que evocan tanto refugios primitivos como artefactos contemporáneos. Esta ambigüedad deliberada convierte su arquitectura en una experiencia abierta a múltiples interpretaciones.
Más que imponer una presencia dominante, Radić parece interesado en crear espacios que invitan a ser descubiertos, donde la atmósfera, la luz o la textura adquieren tanta importancia como la forma arquitectónica.
Un reconocimiento para la arquitectura latinoamericana
La elección de Radić refuerza además la visibilidad internacional de la arquitectura latinoamericana, que en las últimas décadas ha ganado protagonismo gracias a propuestas capaces de dialogar con contextos sociales, climáticos y culturales complejos.
En el caso del arquitecto chileno, su trabajo demuestra que es posible desarrollar una arquitectura contemporánea profundamente arraigada en el territorio, sin renunciar a la experimentación conceptual ni a la innovación constructiva.
Con el Premio Pritzker de Arquitectura 2026, la obra de Smiljan Radić se consolida como una de las más singulares del panorama actual: una arquitectura que no busca el espectáculo, sino la capacidad de transformar el paisaje en experiencia y el espacio en relato.




