En el contexto del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, que se conmemora cada 28 de abril, resulta especialmente pertinente reflexionar sobre el papel que desempeña la Arquitectura Técnica en la prevención de riesgos laborales en el sector de la construcción. Un sector históricamente expuesto a elevados índices de siniestralidad y donde, el papel de los profesionales de la arquitectura técnica siempre ha sido relevante en cuanto a su compromiso, implicación y buen hacer, aunque no siempre reciba el reconocimiento social que merece.

La formación de los agentes que legalmente están capacitados para trabajar en la coordinación en materia de seguridad y salud, según la LOE, hace que los arquitectos y arquitectas técnicas adquieran un papel predominante en esta actividad, ya que con sus estudios adquieren atribuciones y competencias en esta materia.
Esta atribución no es una cuestión menor ni meramente administrativa, implica asumir las obligaciones en materia de seguridad y salud desde el diseño, el proceso productivo y la gestión en las obras de construcción. Obligaciones que, por otra parte, deben sumarse a la del resto de agentes que intervienen en todo el proceso.
No se trata únicamente de un perfil que ejecuta o supervisa, sino de un profesional con capacidad para anticipar, coordinar y tomar decisiones que pueden salvar vidas. Su visión transversal les permite detectar incoherencias, prever interferencias y garantizar que la seguridad no quede relegada frente a otros intereses ligados a la construcción.
En este sentido, es fundamental trasladar a la sociedad una idea clara: la seguridad en la construcción no es un añadido, ni un trámite, ni solo una imposición normativa. Es una condición integrada en el propio proceso, y su correcta gestión comienza mucho antes de que se coloque el primer ladrillo. Comienza con un profesional cualificado que sabe interpretar un proyecto, identificar riesgos potenciales y establecer medidas preventivas eficaces que favorezcan todo el ciclo de vida del proyecto.
Contratar a un profesional de la arquitectura técnica antes de iniciar cualquier obra o reforma debería entenderse, por tanto, como la mejor forma racional de gestionar el riesgo y su integración en el proceso constructivo. No hacerlo supone, en la práctica, asumir una incertidumbre innecesaria que puede traducirse en accidentes, sobrecostes, paralizaciones e incluso responsabilidades legales. Frente a ello, la intervención temprana de este profesional aporta orden, previsión y control.
Además, en un momento en el que la sociedad demanda cada vez mayores estándares de calidad, sostenibilidad y bienestar, la prevención y la seguridad debe ocupar su lugar en el desarrollo de cualquier promoción, obra o reforma. No puede haber éxito en el proyecto sin el cumplimiento de los costes, de los plazos, que se realice con calidad y que se ejecute de forma segura. En ese proceso, el arquitecto técnico es una figura insustituible.
Reivindicar su papel en el marco del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo no es solo un ejercicio de reconocimiento profesional, sino también una llamada a la responsabilidad colectiva. Invertir en seguridad no es un coste, sino una garantía, que detrás de cada obra bien planificada y ejecutada sin incidentes, hay un trabajo previo riguroso que comienza, siempre, con alguien capaz de anticipar lo que puede salir mal y actuar en consecuencia.
Autor: Antonio Ros Serrano, Director de la Escuela Técnica Superior de Edificación de la Universidad Politécnica de Madrid (ETSEM-UPM) y Vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid




