La ingeniería invisible que hizo posible la transformación de Ca l’Alier en Barcelona

La recuperación del patrimonio industrial plantea uno de los mayores desafíos de la arquitectura contemporánea: conservar la identidad histórica de un edificio mientras se adapta a las necesidades funcionales y tecnológicas del siglo XXI. En este tipo de intervenciones, el éxito no depende únicamente del proyecto arquitectónico, sino también de la capacidad para resolver complejos problemas geotécnicos y estructurales que permanecen ocultos bajo la superficie.

La rehabilitación de la antigua fábrica textil de Ca l’Alier, situada en el barrio barcelonés del Poblenou y convertida hoy en un referente internacional de innovación urbana y sostenibilidad, constituye un excelente ejemplo de ello. Detrás de esta transformación se encuentra una intervención técnica de enorme complejidad ejecutada por OPG, cuya actuación permitió estabilizar las fachadas históricas, consolidar el terreno e impermeabilizar la excavación necesaria para construir un nuevo sótano sin comprometer la integridad del edificio protegido.

Un proyecto de rehabilitación con vocación de futuro

La antigua fábrica de Ca l’Alier, construida durante el siglo XIX, formó parte del importante tejido industrial que convirtió al Poblenou en uno de los principales polos manufactureros de Barcelona. Sin embargo, tras décadas de actividad y posteriores procesos de abandono, únicamente permanecía en pie aproximadamente una tercera parte del conjunto fabril original cuando el Ayuntamiento de Barcelona adquirió el edificio en 2011.

El objetivo era especialmente ambicioso: transformar este espacio histórico en un moderno centro de innovación urbana vinculado al concepto de Smart City, gestionado por la Fundación Bit Habitat, incorporando además un centro tecnológico de Cisco dedicado al Internet de las Cosas (IoT). Todo ello debía realizarse respetando el elevado valor patrimonial del inmueble, catalogado con grado de protección “C” en la mayor parte del conjunto y “D” en algunas zonas específicas.

La intervención arquitectónica apostaba por mantener la imagen exterior de las naves industriales, recuperar materiales originales y reconstruir elementos tradicionales, como las bóvedas catalanas, mientras el edificio incorporaba instalaciones de última generación y criterios de sostenibilidad que permitieran convertirlo en un inmueble inteligente y de emisiones prácticamente nulas.

El gran reto: construir bajo un edificio histórico sin ponerlo en riesgo

Aunque el resultado final transmite una sensación de continuidad entre pasado y futuro, el proceso constructivo estuvo condicionado por importantes dificultades técnicas.

Uno de los principales desafíos consistía en ejecutar un sótano de aproximadamente cinco metros de profundidad destinado a albergar todas las instalaciones técnicas del edificio, así como depósitos de recogida de aguas pluviales y aguas grises.

La excavación debía realizarse bajo un edificio histórico cuyas fachadas de ladrillo debían conservarse íntegramente, sobre un terreno formado por arenas medias, finas y gruesas saturadas de agua, un tipo de suelo especialmente inestable durante los trabajos de excavación. Esta combinación suponía un riesgo elevado de movimientos del terreno, entrada de agua freática, pérdida de capacidad portante e incluso posibles desplomes de las fachadas existentes.

La complejidad del problema queda reflejada en un dato especialmente significativo: antes de la intervención de OPG, dos empresas especializadas habían intentado ejecutar el tratamiento sin conseguir completar con éxito los trabajos previstos.

OPG: análisis del problema y redefinición de la estrategia

Cuando OPG asumió el proyecto, el primer paso no consistió únicamente en continuar los trabajos, sino en corregir las alteraciones que las actuaciones anteriores habían provocado en el terreno.

A partir de un análisis detallado de las condiciones geotécnicas y estructurales existentes, la compañía redefinió completamente la estrategia de intervención, diseñando una solución integral que abordaba simultáneamente tres objetivos fundamentales:

  • Garantizar la estabilidad permanente de las fachadas históricas.
  • Consolidar el terreno bajo la futura excavación.
  • Impermeabilizar el fondo de la excavación para controlar el nivel freático y evitar filtraciones de agua.

La solución debía permitir además ejecutar la excavación sin recurrir a complejos sistemas provisionales de arriostramiento interior que limitaran el espacio de trabajo y condicionaran la construcción posterior del sótano.

Estabilizar las fachadas sin alterar su valor patrimonial

Uno de los aspectos más delicados del proyecto fue mantener en pie las fachadas originales mientras desaparecía completamente la estructura interior del edificio para construir la nueva.

Para conseguirlo, se implantó un sofisticado sistema de estabilización mediante estructuras auxiliares metálicas de mecanotubo colocadas tanto en el interior como en el exterior del inmueble.

Estos estabilizadores actuaban absorbiendo las acciones horizontales, especialmente las producidas por el viento, mientras transmitían las cargas hacia grandes contrapesos de hormigón situados en el exterior. De esta forma, las fachadas permanecían perfectamente inmovilizadas durante todo el proceso constructivo, evitando cualquier deformación o desplome.

Gracias a este sistema fue posible conservar íntegramente la envolvente histórica del edificio mientras se ejecutaban las nuevas estructuras interiores, uno de los principales objetivos patrimoniales de la rehabilitación.

Consolidar un terreno extremadamente complejo

El segundo gran reto aparecía bajo la cimentación existente.

El terreno estaba constituido por depósitos cuaternarios formados por arenas saturadas de agua, un material especialmente problemático cuando debe excavarse a varios metros de profundidad.

En estas condiciones, la excavación convencional podía provocar fenómenos de sifonamiento, desprendimientos, pérdida de estabilidad del terreno e importantes entradas de agua.

La solución desarrollada por OPG se basó en la impregnación del terreno mediante inyecciones de microcemento a baja presión.

Esta técnica permitió rellenar los huecos existentes entre las partículas arenosas, incrementando notablemente la cohesión del terreno y mejorando su capacidad portante.

Al mismo tiempo, la consolidación reducía la permeabilidad natural del suelo, generando una barrera que limitaba de forma muy significativa el paso del agua subterránea hacia la excavación.

El tratamiento consiguió transformar un terreno inicialmente inestable en una base suficientemente resistente para ejecutar con seguridad toda la actuación prevista.

Excavación abierta con mayores garantías constructivas

Uno de los beneficios más relevantes de la solución adoptada fue la posibilidad de realizar la excavación prácticamente a cielo abierto.

Al aumentar la resistencia del terreno mediante las inyecciones de microcemento, fue posible evitar la utilización de codales o sistemas de atirantamiento interior que normalmente resultan imprescindibles en excavaciones profundas ejecutadas junto a edificios existentes.

Esta circunstancia simplificó considerablemente los trabajos constructivos, redujo interferencias durante la ejecución y permitió aprovechar al máximo la superficie útil del futuro sótano.

Además, la excavación pudo desarrollarse perpendicularmente a la cimentación original, minimizando los riesgos tanto para la estructura existente como para los operarios que trabajaban en obra.

Impermeabilización y refuerzo de la cimentación

Otro de los objetivos prioritarios consistía en garantizar la máxima impermeabilidad del nuevo sótano.

Al tratarse de un edificio destinado a albergar instalaciones técnicas críticas y depósitos de agua, cualquier filtración futura podía comprometer el funcionamiento del complejo.

Las inyecciones de microcemento desarrolladas por OPG permitieron crear una barrera impermeable de elevada eficacia, reduciendo notablemente la entrada de agua freática durante la excavación y mejorando el comportamiento hidráulico del conjunto.

Paralelamente, el tratamiento reforzó la cimentación existente, incrementando su capacidad para soportar las nuevas cargas derivadas del edificio rehabilitado sin necesidad de intervenciones estructurales mucho más invasivas.

Un caso de éxito reconocido por el sector

La actuación de OPG permitió culminar con éxito un proyecto que anteriormente había encontrado importantes dificultades técnicas.

La solución adoptada no solo hizo posible ejecutar la excavación y conservar el patrimonio arquitectónico existente, sino que proporcionó las condiciones necesarias para desarrollar el resto de la rehabilitación siguiendo criterios de sostenibilidad, eficiencia energética y reutilización de materiales originales.

Como resultado, Ca l’Alier se ha convertido en uno de los ejemplos más representativos de regeneración del patrimonio industrial en Barcelona, integrando arquitectura histórica, innovación tecnológica y construcción sostenible en un mismo edificio.

El reconocimiento llegó con la concesión del Premi Catalunya Construcció 2019 en la categoría de Rehabilitación Patrimonial, un galardón que pone en valor el trabajo conjunto de todos los agentes implicados y evidencia la importancia que tuvieron las soluciones técnicas desarrolladas durante la fase de consolidación y estabilización.

Más allá del resultado arquitectónico, este proyecto demuestra cómo la ingeniería geotécnica puede convertirse en el elemento decisivo para hacer viable la recuperación de edificios históricos especialmente complejos. En este contexto, la intervención de OPG constituye un ejemplo de cómo el conocimiento especializado, la capacidad para redefinir estrategias y la aplicación de técnicas avanzadas de consolidación del terreno pueden transformar un proyecto con importantes dificultades en un referente internacional de rehabilitación patrimonial.

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