Cómo diseñar una casa para que siga funcionando dentro de 20 años

Cuando diseño una vivienda, hay una pregunta que hago muchas veces a los propietarios: ¿cómo os gustaría vivir aquí dentro de diez, quince o veinte años? Porque una casa bien diseñada no debería responder únicamente a las necesidades que tenemos en el momento de la reforma. Debería ser capaz de acompañarnos mientras cambia nuestra familia, nuestras rutinas e incluso nuestra manera de entender el hogar.

Para mí, ahí está una de las grandes diferencias entre una vivienda simplemente bonita y una vivienda realmente bien pensada. La primera puede funcionar perfectamente hoy. La segunda debería seguir haciéndolo muchos años después.

Y eso obliga a proyectar de una manera diferente.

Diseñar para la vida que tenemos hoy, pero también para la que tendremos mañana

Cuando hay niños pequeños, por ejemplo, es muy fácil diseñar pensando exclusivamente en esa etapa: una habitación infantil, una zona de juegos, muebles pequeños… El problema es que los niños crecen muchísimo más rápido de lo que parece cuando estamos haciendo una reforma.

Por eso prefiero plantear espacios que puedan evolucionar con ellos. Una habitación infantil debería poder convertirse después en un dormitorio juvenil y, más adelante, si las necesidades de la familia cambian, en un despacho o una habitación de invitados sin tener que volver a reformarla por completo.

Lo mismo sucede con las zonas comunes. Una zona de juegos puede transformarse con los años en un rincón de lectura, una biblioteca, una zona de estudio o simplemente incorporarse de otra manera al salón.

La flexibilidad también es una forma de sostenibilidad. Si una vivienda puede adaptarse a nuestra vida sin tener que entrar constantemente en obras, estamos alargando muchísimo su vida útil.

No diseñamos habitaciones. Diseñamos necesidades

El teletrabajo es un buen ejemplo. Durante unos años parecía que todas las viviendas necesitaban incorporar un despacho, pero no todas las personas trabajan de la misma manera ni necesitan dedicar una habitación completa exclusivamente a ello.

En algunos proyectos tendrá todo el sentido crear un despacho independiente. En otros será suficiente con integrar una zona de trabajo dentro de una librería, aprovechar un rincón que pueda cerrarse o diseñar un espacio multifuncional que desaparezca visualmente cuando termina la jornada.

Eso es algo que hacemos constantemente en el estudio: antes de decidir qué espacios necesita una vivienda, intentamos entender cómo vive realmente esa familia. Cuántas personas viven en casa, qué rutinas tienen, cuánto cocinan, si reciben invitados, si trabajan desde casa, cuánto almacenaje necesitan o cómo imaginan que puede cambiar su vida con los años.

Porque diseñar una casa para durar no consiste en intentar adivinar cómo viviremos dentro de veinte años. Consiste en no tomar hoy decisiones tan rígidas que nos impidan cambiar mañana.

El almacenaje debe crecer con la casa

Hay otra cosa que sabemos que va a ocurrir prácticamente con total seguridad: vamos a acumular cosas.

Libros, ropa, juguetes, documentos, equipamiento deportivo, maletas, objetos personales… Una vivienda acumula vida y, si no hemos pensado dónde guardarla, acaba apareciendo en forma de muebles auxiliares, cajas y soluciones improvisadas que poco a poco ocupan el espacio.

Por eso damos tantísima importancia al almacenaje desde el principio del proyecto. Siempre que podemos trabajamos con mobiliario a medida, aprovechando toda la altura disponible e integrándolo dentro de la propia arquitectura. No se trata de llenar la casa de armarios, sino de decidir qué necesitamos guardar, dónde lo utilizamos y cuál es el lugar más lógico para hacerlo.

Un armario en el recibidor, por ejemplo, puede resolver abrigos, zapatos, bolsos y todo aquello que de otro modo acaba repartido por la casa. Un buen mueble a medida en el salón puede integrar almacenaje sin que visualmente parezca que estamos añadiendo otro mueble.

Muchas veces pensamos que necesitamos una vivienda más grande cuando, en realidad, lo que necesitamos es una vivienda mejor organizada.

Hay decisiones que quizá hoy no necesitamos, pero agradeceremos dentro de veinte años

También proyecto pensando en algo de lo que quizá hablamos menos: envejeceremos dentro de nuestras casas.

Y no creo que eso signifique diseñar hoy una vivienda como si ya tuviéramos las necesidades que tendremos a los setenta años. Se trata simplemente de evitar decisiones que puedan complicarnos innecesariamente la vida en el futuro.

Circulaciones cómodas, pasos suficientemente amplios, pavimentos seguros, duchas accesibles, buena iluminación o mecanismos fáciles de utilizar son decisiones que aportan comodidad ahora y probablemente todavía más dentro de veinte años.

En los baños, por ejemplo, siempre que podemos preferimos platos de ducha amplios, accesos cómodos y soluciones sencillas. No porque estemos proyectando una vivienda adaptada, sino porque la accesibilidad bien diseñada también es confort.

Una casa preparada para evolucionar no tiene por qué parecer una casa diseñada para personas mayores. Simplemente tiene que estar bien pensada.

En lo permanente, no me gusta seguir tendencias

Las tendencias me gustan y también las utilizamos, pero intento reservarlas para aquellos elementos que podemos cambiar fácilmente: textiles, pintura, lámparas, arte, objetos decorativos o determinadas piezas de mobiliario.

En cambio, cuando hablamos de elementos cuya vida útil debería ser mucho más larga —una cocina, un baño, el pavimento, una carpintería o un mueble realizado a medida— prefiero apostar por buenos materiales, diseños sencillos y soluciones que tengan recorrido.

Eso no significa que todo tenga que ser beige, blanco o neutro. Atemporal no significa aburrido. Podemos utilizar color, materiales con mucha personalidad o piezas especiales. La diferencia está en no tomar una decisión únicamente porque sea lo que estamos viendo en todas partes en ese momento.

Siempre pienso que las tendencias deberían poder entrar y salir de una casa sin obligarnos a reformarla.

Una buena distribución envejece mejor que cualquier decoración

Si tuviera que elegir dónde merece realmente la pena invertir cuando queremos que una vivienda dure muchos años, probablemente empezaría por aquello que después resulta más difícil y costoso modificar: la distribución.

Una casa puede cambiar completamente de aspecto sustituyendo textiles, pintando las paredes o renovando algunas piezas de mobiliario. Pero modificar una mala distribución diez años después implica volver a entrar en obra.

Por eso dedicamos tantísimo tiempo al plano antes de empezar una reforma. Intentamos reducir recorridos innecesarios, aprovechar los metros, prever almacenaje, estudiar cómo se relacionan las estancias y pensar no solo en cómo vive esa familia ahora, sino en qué margen de evolución puede necesitar.

No me preocupa tanto que una distribución resulte espectacular sobre el papel como que sea lógica en el día a día. Que no tengamos metros desperdiciados, que las circulaciones sean cómodas, que las puertas estén donde tienen que estar y que cada estancia tenga unas proporciones coherentes con el uso que realmente va a tener.

Una distribución bien resuelta quizá no sea lo primero que alguien ve cuando entra en una casa, pero probablemente sea una de las cosas que más va a agradecer quien vive en ella durante los siguientes veinte años.

La calidad también forma parte de la atemporalidad

Para que una casa envejezca bien, evidentemente también tienen que hacerlo sus materiales.

No creo demasiado en elegir un material únicamente porque el día de la entrega quede espectacular. Me interesa mucho más saber cómo estará después de años de uso, cómo se limpia, qué mantenimiento necesita y qué ocurrirá cuando inevitablemente empiece a sufrir el desgaste del día a día.

En una reforma hay elementos en los que merece especialmente la pena invertir porque sustituirlos implica volver a hacer obra. Un buen pavimento, una carpintería bien ejecutada, una cocina de calidad, unos buenos sanitarios o una buena grifería probablemente sean inversiones mucho más inteligentes a largo plazo que determinadas decisiones puramente estéticas.

Para mí, el verdadero lujo está muchas veces en aquello que funciona bien durante años y apenas nos obliga a pensar en ello.

Una casa no debería quedarse congelada el día que termina la reforma

Una vivienda atemporal no es una vivienda neutra ni una casa que intenta mantenerse exactamente igual durante veinte años. Es justamente lo contrario.

Es una base suficientemente sólida para permitir que cambien los muebles, los colores, los textiles, el arte e incluso algunos usos sin que tengamos que replantear constantemente toda la vivienda.

Los niños crecerán, nuestras rutinas cambiarán, quizá trabajaremos de otra manera, acumularemos nuevas cosas y nuestro cuerpo también evolucionará. La casa debería ser capaz de acompañar todos esos cambios.

Por eso, cuando terminamos un proyecto, no me interesa únicamente que el cliente piense que su casa ha quedado preciosa. Me interesa mucho más que dentro de diez o quince años siga pensando que fue una buena decisión reformarla de esa manera.

Porque para mí ahí está la verdadera prueba de un buen proyecto.

Una casa bien diseñada no es la que consigue detener el tiempo. Es la que está preparada para vivir con nosotros mientras el tiempo pasa.

Por Laura Martínez, interiorista

 Estudio de Interiorismo Laura Martínez

 

Compartir

Entradas Relacionadas

El Premio Internacional RIBA 2026 anuncia sus cuatro finalistas: dos proyectos en Bangladesh y dos en Bélgica

GCA Architects renueva la sede de MoraBanc: el primer edificio con LEED Platinum en Andorra

Lamela, Carvajal y la arquitectura suiza protagonizan la XXIII Semana Internacional de Arquitectura de Madrid

Escrito por
Últimos Números
Guía Estudios de Arquitectura 26/27Proarquitectura 209 Especial Arquitectura SanitariaProarquitectura 208 Especial Eficiencia y Sostenibilidad
Resumen de privacidad
Proarquitectura

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies estrictamente necesarias tiene que activarse siempre para que podamos guardar tus preferencias de ajustes de cookies.

Cookies de terceros

Esta web utiliza Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.

Cookies adicionales

Esta web utiliza las siguientes cookies adicionales:

(Lista aquí las cookies que estás utilizando en la web.)