Así como la piel protege al cuerpo humano, el aluminio protege a los edificios de los elementos, proporcionando un alto nivel de confort en su interior. La industria del aluminio, gracias a su extraordinario crecimiento, ha desarrollado una competencia excelente. Si bien hace tiempo se consideraba que la carpintería de aluminio podía presentar un comportamiento discreto en cuanto al aislamiento térmico y la formación de condensaciones en condiciones climáticas adversas, en la actualidad, gracias a la separación térmica de los perfiles mediante nervios aislantes de plástico, los sistemas de aluminio pueden competir con los valores de aislamiento térmico de otros sistemas basados en materiales como el PVC o la madera.
Dada su gran abundancia, la posibilidad de aleación, su maleabilidad, ligereza, resistencia a la corrosión, incombustibilidad, etc., la industria del aluminio puede obtener a partir de este metal una amplia gama de productos con propiedades específicas para un sinfín de aplicaciones. De esta combinación de características se obtienen productos con amplias prestaciones, que permiten la fabricación de carpinterías aisladas y la construcción de amplias envolventes o grandes fachadas estructurales, siempre con unos costes razonables. Las posibilidades estéticas son infinitas y de extraordinaria durabilidad: anodizados, tratamientos mecánicos, lacados en color, lacados que reproducen distintas texturas… a elegir entre un sinfín de opciones. Con un ciclo de vida sostenible de principio a fin, se puede afirmar que el aluminio es prácticamente un 100% reciclable. Su tasa de recuperación en construcción es de un 95%, y su reciclado ahorra el 95% de la energía usada en su producción inicial.




