
En pleno centro de Vigo, entre las calles López Mora, Tomás A. Alonso y Arquitecto Pérez Bellas, se encuentra un conjunto arquitectónico que durante décadas vivió al margen de la ciudad. Un espacio que, concebido en otro tiempo y con una lógica urbana hoy superada, albergó las antiguas instalaciones de la Zona Franca de Vigo. Cerrado, impermeable y desvinculado del entorno, este enclave comienza ahora una nueva etapa gracias a una ambiciosa intervención liderada por la arquitecta catalana Carme Pinós.
Su propuesta, seleccionada en un concurso convocado por el Consorcio de la Zona Franca, plantea mucho más que una rehabilitación. Se trata de una operación de regeneración urbana integral que reimagina este espacio como un nodo abierto, dinámico y sostenible, al servicio de la ciudadanía.
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ToggleArquitectura como motor de regeneración urbana
El punto de partida del proyecto es una idea clara y contundente: hacer arquitectura es hacer ciudad. Bajo esta premisa, la actuación no se limita a reformar edificios existentes, sino que apuesta por transformar el conjunto en un nuevo eje urbano, permeable, accesible y conectado con la vida cotidiana de Vigo.
El gesto más significativo de esta transformación es la creación de un jardín público en altura, situado sobre un aparcamiento subterráneo de nueva construcción. Este jardín no es un simple espacio verde, sino una plataforma urbana a cota +35.80 que cumple funciones sociales, ambientales y de movilidad. Actúa como plaza pública, punto de encuentro y conector transversal entre barrios situados a diferentes niveles, resolviendo con sensibilidad una de las principales complejidades topográficas de la ciudad.
Además, el diseño del jardín incluye jardineras interiores de gran tamaño que permiten el crecimiento de árboles cuyas copas emergen sobre la superficie, creando un paisaje amable, sombreado y vivo. Esta estrategia combina funcionalidad y sostenibilidad, en línea con los principios de la arquitectura bioclimática. La sombra natural, la ventilación cruzada y la integración de vegetación contribuyen a reducir el efecto isla de calor, mejorar la calidad del aire y favorecer el bienestar urbano.
Movilidad sostenible y accesibilidad universal
El proyecto de Carme Pinós no solo transforma el espacio desde una dimensión arquitectónica, sino también desde una perspectiva de movilidad urbana. En sintonía con el programa municipal “Vigo vertical”, se incorporan ascensores y rampas que conectan los distintos niveles del enclave, facilitando recorridos accesibles para personas con movilidad reducida, familias con carritos y ciclistas.
Esta solución no solo resuelve la accesibilidad dentro del propio conjunto, sino que activa nuevas rutas peatonales entre los barrios colindantes, dinamizando la vida urbana y fomentando la movilidad sostenible. Las escaleras, integradas de forma elegante y sin generar barreras visuales, refuerzan esta red de conexiones suaves y fluidas.
El resultado es un espacio continuo, sin interrupciones abruptas, donde la arquitectura acompaña al peatón y prioriza la experiencia del recorrido. Una ciudad más amable, más conectada y más inclusiva.
Reutilización del patrimonio con visión contemporánea
Uno de los valores añadidos del proyecto es su enfoque sostenible en el tratamiento del patrimonio construido. En lugar de demoler, se opta por conservar la estructura y volumetría de los edificios existentes, reduciendo el impacto ambiental de la intervención y apostando por la economía circular en la construcción.
Sin embargo, esta conservación no es literal: las fachadas se transforman para dotar al conjunto de una nueva imagen más permeable, luminosa y coherente con los valores contemporáneos. Las envolventes se resuelven mediante superficies acristaladas protegidas por un sistema de brisoleil fabricado en madera local, un material de baja huella ecológica que ofrece control solar, privacidad y una estética cálida y natural.
Esta doble piel genera una relación cambiante entre interior y exterior, adaptándose a las condiciones de luz, uso y clima. Así, la arquitectura se convierte en un organismo vivo, sensible al contexto y a las personas que lo habitan.
Activación económica y social del entorno
Además de los espacios públicos y las mejoras en accesibilidad, el proyecto también incorpora un componente estratégico para revitalizar la zona: la activación de las plantas bajas mediante usos comerciales y comunitarios. Tres de los edificios acogerán actividades abiertas al público que invitan a la ciudadanía a apropiarse del lugar, generando una nueva centralidad en el corazón de Vigo.
Este enfoque refuerza la sostenibilidad social del proyecto, integrando vida económica, participación ciudadana y cohesión urbana. No se trata solo de crear espacios bellos o funcionales, sino de proponer un modelo de ciudad más justo, inclusivo y resiliente.
Un modelo para la ciudad del futuro
En conjunto, la intervención firmada por Carme Pinós representa un ejemplo paradigmático de cómo la arquitectura puede ser una herramienta de transformación urbana. A través de soluciones integradas, sensibles y sostenibles, este proyecto no solo reconfigura un enclave específico, sino que plantea una nueva forma de entender la ciudad: como un lugar compartido, accesible y vivo.
Más que una rehabilitación, se trata de una cirugía urbana precisa, donde cada decisión busca coser los fragmentos de la ciudad, generar espacios de encuentro y construir identidad. Un modelo que sitúa a las personas en el centro y apuesta por una ciudad más habitable, verde y conectada.




