El edificio Viladomat, ubicado en el barrio de Sant Antoni de Barcelona y recientemente reconocido con el Co-living Awards 2025, presenta una rehabilitación integral en la que las zonas comunes adquieren un papel central dentro de la experiencia residencial.

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ToggleLa historia del edificio como experiencia espacial
El proyecto, desarrollado por Àbag Studio, plantea un modelo de co-living contemporáneo donde trabajo, bienestar y encuentro se integran en un mismo ecosistema arquitectónico. La intervención parte de un profundo respeto por la estructura original del edificio. La bóveda catalana, presente en varias de las áreas compartidas, se conserva y se pone en valor como elemento protagonista. Su textura irregular se enfatiza mediante iluminación indirecta, generando una atmósfera envolvente que establece un diálogo entre la memoria histórica del edificio y la nueva intervención. Esta relación entre pasado y presente define el carácter del proyecto, que incorpora la historia como parte activa de la experiencia espacial.

Un espacio de co-work en la planta de acceso
En la planta de acceso, un espacio de co-work es concebido como una extensión natural de las viviendas. La materialidad combina revestimientos de madera, arrimaderos y puertas de vidrio acanalado que filtran la luz y aportan privacidad sin dividir el espacio. Una gran mesa común preside el área, mientras que una cabina individual ofrece un ámbito de trabajo más reservado. La paleta de acabados, neutra y cálida, se ve sutilmente acentuada por la presencia de un tono green british en elementos puntuales, que aporta profundidad y carácter al conjunto, junto con la iluminación integrada, configurando un ambiente sereno y productivo. En este mismo nivel se incorporan también una vinoteca y un bicicletero, resueltos de manera funcional dentro del mismo lenguaje.

Espacios para ocio y bienestar en el nivel 1
El nivel -1 acoge espacios orientados al bienestar y al ocio. La sala de cine se define mediante revestimientos cálidos y una iluminación cuidadosamente controlada que potencia la sensación de recogimiento bajo la bóveda original. A su lado, un equipado gimnasio combina paneles de madera con un pavimento continuo, generando un contraste sobrio y contemporáneo. La continuidad de materiales entre ambos espacios mantiene la coherencia visual del conjunto, mientras que la iluminación suaviza la presencia estructural y aporta profundidad a los ambientes.
Terrazas en el último nivel del edificio histórico
Dos terrazas, situadas en el penúltimo y último nivel del edificio, introducen una materialidad más expresiva. Pavimentos de madera, vegetación abundante y una barra central revestida con azulejo verde oliva configuran la esencia de estos espacios, donde pequeños pops de color aportan un carácter vibrante y dinámico al conjunto. Una gran mesa común y diversas zonas lounge fomentan el encuentro entre residentes, mientras que una divertida ducha exterior añade un toque funcional que refuerza el carácter cotidiano y compartido del proyecto.

La conexión entre los 10 niveles del edificio, desde las zonas comunes de pie de calle pasando por las viviendas privadas y hasta llegar a las terrazas de los pisos superiores, se realiza mediante un ascensor que facilita la accesibilidad a todos los niveles. Esta continuidad vertical refuerza nuevamente la idea principal del proyecto, pues las áreas compartidas no se conciben como espacios complementarios, sino como una extensión natural del propio hogar.
Imágenes: Nini Cortadellas




