CAE: cuando el ahorro energético se convierte en dinero en efectivo

La eficiencia energética en la edificación residencial ya no es un coste amortizable a largo plazo, como habitualmente se decía. Hoy ese ahorro energético en un bloque de viviendas es un activo financiero contante y sonante. Con la implantación de los Certificados de Ahorro Energético (CAE), las comunidades de propietarios ya no solo invierten para mejorar su confort o para cumplir con unas normativas cada vez más exigentes y restrictivas. Ahora, tienen la oportunidad de recuperar una parte sustancial de su inversión de forma directa y tangible. Lo que hasta ayer era un beneficio invisible en la factura mensual hoy se convierte también en dinero en efectivo.

El sistema es sencillo: se trata de calcular el ahorro obtenido tras la rehabilitación energética de un inmueble residencial y convertirlo en un activo transferible. Actuaciones como el aislamiento de envolventes (fachadas y cubiertas), la sustitución de ventanas o la actualización de sistemas de climatización, reducen el consumo de energía en el edificio y generan kilovatios hora ahorrados que pueden ser adquiridos por las empresas comercializadoras de energía, obligadas a cumplir con objetivos de eficiencia. Cada CAE representa 1 kilovatio hora (kW) de energía ahorrada al año, y según los últimos datos del MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del Gobierno de España), este “dividendo energético” está reportando ya a los propietarios ingresos relevantes de entre 115 y 140 euros por megavatio hora (MWh).

El arquitecto técnico, clave para transformar el ahorro energético en dinero real

Pero, para que este retorno económico sea efectivo y seguro, se necesita un técnico competente, una figura sobre la que pivota todo el proceso. Así, el arquitecto técnico, el aparejador de toda la vida, desempeña un papel clave, al encargarse de elaborar los certificados de eficiencia energética del edificio antes de la rehabilitación y a su conclusión. Estos documentos son, en la práctica, el pasaporte que permite transformar los ahorros obtenidos en dinero líquido.

El CAE no es una subvención ni una deducción fiscal. Es una transacción que aporta beneficios a todas las partes implicadas: los ciudadanos recuperan parte de su inversión, las empresas energéticas cumplen con la normativa legal europea y nacional, el planeta respira mejor y el sistema en su conjunto avanza hacia cotas de eficiencia. Probablemente haya quien se pregunte qué ganan las compañías energéticas comprando estos certificados. La respuesta es nada. Sólo cumplen con la obligación legal de aportar una cuota anual de ahorro energético. Tradicionalmente, lo hacían mediante aportaciones a un fondo público, el Fondo Nacional de Eficiencia Energética. Ahora, el sistema de los CAE introduce una alternativa más directa: la compra de ahorros energéticos reales generados por terceros, como son las comunidades de propietarios.

En este contexto, la clave ya no es solo entender el potencial de los Certificados de Ahorro Energético, sino hacerlos realmente accesibles. Para que se convierta en una herramienta útil para la ciudadanía, es imprescindible simplificar su gestión y acercarlo tanto a los profesionales como a las comunidades de propietarios. Aquí es donde cobra sentido el papel de estructuras de apoyo como la Oficina de Gestión de CAEs impulsada por el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, que no solo actúa como un centro de asesoramiento, sino que asume un papel activo en la gestión, desde la tramitación de toda la documentación, el cálculo preciso de las previsiones de ahorro y, lo más importante, la venta de los certificados y su conversión final en dinero.

Si el sistema es ágil, transparente y ofrece seguridad, funcionará. Por eso, reducir la burocracia y acortar los tiempos hasta que ese ahorro se convierte en un ingreso, es una condición imprescindible. La Oficina de Gestión de CAEs ha llegado para profesionalizar el proceso y para dar pleno sentido a conceptos que a veces nos resultan muy manidos, como la sostenibilidad o la economía circular. Porque cuidar del planeta empieza por algo tan cercano como mejorar nuestros hogares. Cada gesto cuenta, y cada ahorro suma.

 

Susana Pérez Castaños

Directora Técnica del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid (COAATM)

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