Día de las Ciudades 2021: Los arquitectos responden sobre hacia dónde se encaminan las ciudades del futuro

Con motivo de la celebración hoy, 31 de octubre, del Día de las Ciudades, varios arquitectos referentes en el sector, responden a las cuestiones que todos nos preguntamos en este día: hacia donde se encaminan las ciudades del futuro, qué camino está tomando el desarrollo de las urbes, serán sostenibles las ciudades de nuestro futuros tataranietos…, en definitiva, cómo evolucionarán los núcleos urbanos y, por consiguiente, cómo lo hará de su mano el sector de la arquitectura y la construcción.

1. Julio Touza Rodríguez y Julio Touza Sacristán (Touza Arquitectos)
Julio Touza Rodríguez y Julio Touza Sacristán (Touza Arquitectos)

Respecto a este principal interrogante: ¿hacia dónde se encaminan las ciudades del futuro?, Julio Touza (Touza Arquitectos) considera que “más que las ‘ciudades del futuro’ deberíamos hablar del ‘futuro de las ciudades’. Las ciudades son organismos vivos que nos anteceden y nos sobrevivirán; son anecdóticos los casos de grandes ciudades modernas realizadas desde cero y con un crecimiento que casi podría denominarse ‘artificial’”.

Desde su punto de vista, “las ciudades deben hoy, para ganar su futuro, mirar de nuevo su centro, rehabilitarlo, y regenerar su patrimonio sin disecarlo. Deben ser ciudades verdes, donde el árbol y la sombra arropen a sus habitantes, con infraestructuras mayoritariamente dotadas a través de energías limpias. Los edificios existentes ofrecen oportunidades, en sus cubiertas, en sus nuevas pieles. Deben ser ciudades densas, con pequeñas ‘ciudades de quince minutos’ dentro de sí mismas, que se puedan recorrer andando, donde la mezcla de usos enriquezca la vida de la urbana, el encuentro, el reposo. Los crecimientos no deben ser a base de ‘satélites’, si no crecimientos orgánicos, en la mayor parte de los casos con operaciones de inserción, a ‘modo quirúrgico’ en aquellos vacíos o heridas urbanas que precisan sutura”.

En ese sentido, según apunta Touza, “la edificación en altura es más densa y de menor huella ecológica, puede ser una respuesta a ese crecimiento. En nuestro caso, proyectos como Torre Riverside o las nuevas Torres Skyline, ofrecen un modelo de regeneración de zonas urbanas existentes gracias a edificios singulares en altura. El futuro de las ciudades pasa por volver a mirar a las personas, a los espacios de encuentro, a la conectividad inteligente, al aire limpio gracias a la reducción del consumo energético, limitando el impacto y el protagonismo del vehículo en su diseño, y potenciando los transportes colectivos limpios e inteligentes”.

Raquel Ruiz García, arquitecta en Arquitectos Ayala
Raquel Ruiz García, arquitecta en Arquitectos Ayala

Por su parte, Raquel Ruiz García (Arquitectos Ayala) considera que “debemos acercarnos de forma crítica y responsable a la manera de pensar la ciudad del futuro, y hacerlo centrándonos en sus usuarios: las personas. Será necesario reivindicar el espacio público, redimensionar aceras y parques, fomentar los sistemas blandos de movilidad en detrimento del uso del automóvil. Más zonas verdes, más sombra, más agua. Menos contaminación ambiental y acústica. Los edificios deberán garantizar una flexibilidad que permita su adaptación a las exigencias de cada momento, incluso un cambio radical en su programa; incluir zonas de uso colectivo y ofrecer un equilibrio entre espacios interiores y exteriores”.

Visión que comparten desde el equipo de Broadway Malyan. “Es necesario cambiar nuestro modelo de vida urbana. En Broadway Malyan nos alineamos con el pensamiento evolutivo de expertos como Carlos Moreno, asesor de la Alcaldesa de París y creador de la Ciudad de 15 minutos, quien denuncia que la organización urbana, basada en infraestructuras para coches, nos ha robado tiempo de vida familiar, social y creativa. Nos gusta su propuesta multicéntrica, donde todo el mundo viviría en proximidad a los servicios esenciales (alojamiento, trabajo, salud, educación) y se conseguiría un índice de calidad de vida muy superior. Este paradigma va unido a una nueva movilidad que obligará a rediseñar las ciudades para quitar espacio a los coches y dárselo a los humanos y a los medios no motorizados. Y también nos parece positivo el auge de las ciudades medianas, una suerte de descentralización, que proporcionaría un mejor equilibrio territorial. La Administración debería hacer un esfuerzo claro por dotar a estas ciudades de las infraestructuras y telecomunicaciones necesarias. En la ciudad del futuro, la Humanidad debe volver a tomar la calle, un espacio bien distinto al que teníamos antes del COVID19”, valoran.

De hecho, la idea de dar de nuevo su espacio a los ciudadanos, es una de las ideas más generalizadas, pues según opinan desde el Equipo de Pinearq: “la ciudad del futuro será una ciudad más amable con el ciudadano, en la que habrá una verdadera convivencia entre las diferentes formas de movilidad urbana y entre la diversidad de sistemas de transporte. Se deberá pasar de la coexistencia a la convivencia. Estos movimientos y desplazamientos se diseñarán de una forma natural. Compartimos, por eso, el Hospital del Mar de Barcelona (véase en las imágenes), un proyecto con una integración entre el urbanismo y el edificio, una arquitectura que hace ciudad: forma un frente de fachada y crea un espacio intermedio entre el interior y el exterior (el palio) que además es un espacio público. Este edificio avanzó las teorías de respeto al ciudadano y de convivencia entre los sistemas de transporte”.

Teresa Batlle Picharchitects
Teresa Batlle Picharchitects

También lo considera así, Teresa Batlle (Picharchitects), cuya reflexión parte de la idea de que “la ciudad refleja los impactos sociales del momento, seguramente de forma más rápida que la arquitectura. Las ciudades de finales del siglo XX han mostrado de forma muy contundente una sociedad en donde la velocidad, la prioridad en la producción y el consumo y la seguridad primaban. El siglo XXI trabajará por ciudades más humanas, pensadas para el peatón, en donde la fluidez entre lo natural y lo urbano se atenderá con mayor delicadeza. La ciudad dejará de ser un instrumento para ser generadora de una atmósfera de convivencia y encuentro”.

Asimismo, Edgar Bueso-Inchausti (Bueso-Inchausti & Rein Arquietectos) opina que, “la evolución de las ciudades ha estado muy ligada históricamente a la de la movilidad. El ferrocarril en el siglo XIX y el automóvil en el XX transformaron la fisonomía de las ciudades medievales en las de hoy, dispersas y colonizadas por el automóvil. Simultáneamente y de manera progresiva se hizo extensiva la concentración del uso terciario de oficinas, desalojando las viviendas de los centros urbanos mediante la creación de entornos habitacionales en la periferia.

Afortunadamente, hay una vocación creciente de recuperar la ciudad como un entorno más amable, en el que la calle vuelva a ser un lugar de encuentro. El uso residencial paulatinamente ha ido recuperando su presencia en los cascos urbanos y la peatonalización de las ciudades es un fenómeno creciente y generalizado en las sociedades más desarrolladas. Todo ello, unido a la consolidación de los vehículos eléctricos que minimizan tanto la contaminación atmosférica como acústica, muy a corto plazo permitirá transformar las ciudades de hoy en los núcleos de convivencia que fueron en sus orígenes”.

 

Las ciudades y la sostenibilidad

Otro de los puntos clave que se cuestionan cuando pensamos en el futuro de las ciudades, es su sostenibilidad. Respecto a ello, Ramón Esteve (Ramon Esteve Estudio) expresa que “el futuro de las ciudades pasa, en gran medida, por su capacidad de regenerarse incorporando los objetivos de desarrollo sostenible establecidos por Naciones Unidas. Hoy, que el 54% de la población mundial vive en ciudades es necesario que éstas puedan albergar comunidades sostenibles, donde no se necesiten grandes desplazamientos y cuya densidad e hibridación de usos y servicios haga posible una movilidad a pie o en bici. Tenemos en nuestro portafolio casos de éxito como el Centro de Bombas Gens en Valencia y también proyectos en marcha como Cigarreras o Rodes. Todos ellos ocupan antiguas instalaciones industriales que se dotan de nuevos usos y servicios para convertirlos en importantes centros cívicos y de desarrollo económico de ciudades como Alicante o Alcoy”.

Gabriel Allende
Gabriel Allende

Por su parte, Gabriel Allende (allende arquitecto) presenta una visión variante según el escenario. “Habría que distinguir varios escenarios. Podríamos hablar en primer lugar del mundo desarrollado o sea, ciudades en el mundo desarrollado, ciudades en países emergentes, evolución de las minas y, yo añadiría, elementos de colonización espacial. Creo que dependiendo a lo que llamemos futuro tendríamos que ir pensando en esta última posibilidad”.

Allende explica que “respecto al futuro de las ciudades en el mundo desarrollado podríamos decir que habría dos factores. Aquellas que tienen una configuración o una búsqueda de consolidarse como polis de influencia, en un marco como en el que nosotros estamos inmersos que es la comunidad europea, solo un número pequeño de ciudades albergan la gestión del control económico y político de las mismas, por los cuales aquellas regiones que quieran tener ese nivel de influencia tendrán que apostar por una ciudad concreta que defienda o posibilite ser una de esas áreas de influencia. Y en el resto sería interesante encontrar el equilibrio de crecimiento sostenible que permitiese la correcta convivencia. Lo que parece ser cierto es que el desarrollo territorial no es muy sostenible a menos que aparezcan sistemas de gestión y producciones locales.

Si creo que habrá aparición de ciudades nuevas, siempre que encontramos ese número mágico o idóneo que podrían ser las que colonizase, nos ayudase a colonizar el territorio abandonado en estos momentos”.

Asimismo, Allende apunta que, “la ciudad preexistente tendrá que adecuarse a convivir con su pasado arqueológico, llamando arqueología, todo lo que vamos a ir manteniendo y su mestizaje a través de las nuevas tecnologías y las subsanaciones de la vida útil de los edificios”.

“Desde este momento la componente parece ser que el factor altura y concentración puede repercutir sustancialmente en la economía de distribución de dichas ciudades, por lo que en este escenario múltiple de grandes cambios, es en el que estamos esperando el gran cambio de movilidad, no tanto a nivel tecnológico como a nivel social, es decir, el respeto a una mejor situación del transporte, el desplazamiento y en la ocupación de la calle. Creo que las calles, de las cuales hablan poco los espacios abiertos entre edificios, empezarán a tener un protagonismo con una gran incidencia de cambio en cuanto a materiales ecológicos y sanitarios y no contaminantes. A su vez el espacio y los edificios públicos van a ser cada vez más la extensión de las unidades de viviendas particulares”, añade.

Por último, Allende concluye que “las nuevas configuraciones tratarán, si se consigue el equilibrio de crecimiento y de servicio y de posibilitar, que la unidad básica familiar sea suficiente para el desarrollo de actividades tanto de ocio como de trabajo. Los espacios deberían ser más generosos y estar en relación al número de personas que lo habitan. Las limitaciones regladas y alturas de cornisa, etc., tendrán que estar supeditadas no al interés del coste de construcción si no a la calidad de vida”.

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