En Mayo de 2006 comenzaron las obras del Aeropuerto. Su constructora, Dragados, contaba con un presupuesto de 23 millones de euros que servirían para edificar la nueva terminal para Zaragoza, con la que su capacidad para recibir pasajeros se triplicaba, pudiendo acoger ya de cara a la Expo, y quizá en un futuro próximo para otros eventos, hasta un millón de pasajeros al año, frente a los 380.000 de 2005 o los 436.000 de 2006. Tras año y medio de obras, durante las que se dejaba inservible la terminal de llegadas (suplida durante el proceso por un módulo de 1.230 metros cuadrados de superficie para interferir lo menos posible en la operatividad del aeropuerto) se realizó además, como relata la memoria, “una solución que permite un crecimiento por fases […]. Para facilitar esa flexibilidad de crecimiento se ha creado un sistema estructural modular de fácil construcción que contempla también futuras ampliaciones”.




