Cubierta ecológica e impermeabilización: Naturalizando espacios

Desde hace bastantes años, la sociedad ha empezado a concienciarse de la falta de naturaleza en nuestras ciudades y lo que afecta esto al medioambiente. Preocupación que se ha extendido a la gran mayoría de los sectores de la construcción. Cada día buscamos más espacios de expansión, zonas de relación y micro pulmones que favorezcan una renovación del aire, especialmente después de los dos últimos años. Tradicionalmente estos espacios se han configurado como parques y jardines visitables, zonas de paseo a pie de calle, que ofrecen un aspecto agradable y desahogado y un ambiente más fresco a la ciudad, sin embargo, debido a la falta de espacio cada vez se está recurriendo más a las ‘cubiertas verdes’ con el fin de contribuir a un medio urbano más sostenible, donde las cubiertas de los edificios no sean únicamente meros espacios de desecho, sino que constituyan espacios útiles. Y para evitar posibles fallos, se tendrá que tener muy presente un elemento esencial en este tipo de sistemas constructivos, la impermeabilización.

Este tipo de cubiertas se han utilizado desde hace muchos años. Como analiza Joan Cardús, director nacional, Proyectos y Obras de Soprema, ya en la antigüedad se utilizaba tierra y cobertura de plantas para los tejados de cabañas que proporcionaban aislamiento térmico e impermeabilización. Por ejemplo, “los casos de las barracas de piedra seca en toda la franja de costa Mediterránea: Catalunya, Levante…”. A esto, Ruth Fuster, la directora de Desarrollo de Negocio para la Región WEST de Quilosa, comenta que “la primera cubierta verde de la historia se construyó en el año 500 antes de Cristo, en los Jardines Colgantes de Babilonia”.

Históricamente, “la construcción de techos verdes se realiza de manera tradicional en varios países escandinavos y europeos desde hace miles de años. El método usado desde hace miles de años en la zona paleartica y que sigue siendo parte de la tradición de los amerindios de América del Norte consisten en una espesa mezcla de tierra y plantas herbáceas enraizadas hizo posible crear techos relativamente bien aislados, herméticos y estancos, resistentes al viento y al fuego, todos hechos con materiales disponibles localmente. Estos techos pesados requieren estructuras fuertes y una capa protectora colocada entre la parte con vegetación y la estructura para que esta última no se pudra. Para ello, se utilizan placas de madera poco putrescible o, más a…

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