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El edificio que cambió la vida de los arquitectos con más renombre (Parte III)

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Por tercera vez vamos a conocer el edificio que cambió la vida de cinco de los arquitectos con más renombre de la arquitectura. Edificios distintos estéticamente, funcionalmente o simplemente edificios que marcaron un antes y un después en la forma de ver la arquitectura.

Rafael Moneo, Sede Bankinter, Madrid: con tan solo 36 años Rafael Moneo diseñó en colaboración con Ramón Bescós este edificio que aportó a su entorno distintas novedades. Primeramente, se deshicieron de la tan desastrosa costumbre de derribar antiguos palacio del Paseo de la Castellana para levantar nuevas sedes, por lo que mantuvieron e integraron el Palacio del Marqués de Mudela dentro del proyecto. Por otro lado, dejaron de lado el brutalismo, tan predominante en la época, decantándose por la precisión y la calidad, lo que se refleja en el especial cuidado que se puso en el diseño de los elementos, especialmente en las ventanas. Podríamos decir, además, que este edificio fue el percusor del uso del ladrillo rojo que tan característico es en algunas de sus obras más conocidas, como el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida o la estación de Atocha.

Norman Foster, Banco HSBC, Hong Kong: este arquitecto, posiblemente el más famoso y con una trayectoria más longeva, tuvo que esperar a cumplir 50 años para que este edificio le lanzara al firmamento. El más y caro y sofisticado del mundo cuando se llevó a cabo, Foster reinventó el concepto de rascacielos, haciendo que el programa servicios, es decir, las instalaciones, los servicios y equipamientos, se ubicaban en el perímetro de cada planta de tal manera que se conseguía una planta totalmente diáfana, con mayor luminosidad y, por supuesto, flexibles.

Zaha Hadid, Estación de bomberos del campus Vitra, Weil am Rhein, Alemania: considerada una avanzada en su tiempo, esta arquitecta anglo-iraquí, tuvo que trabajar mucho y muy duro para ser reconocida tanto ella como su obra. Con infinidad de concursos ganados, donde sus dibujos se popularizaron, no fue hasta los 41 años cuando por fin consiguió hacerse con el proyecto de construcción de esta estación de bomberos. Con este proyecto ya apuntaba la que sería su particular visión de la arquitectura que le acompañaría a lo largo de toda su vida y que le hizo ganadora del Premio Pritzker, el primero conseguido por una mujer.

Herzog & de Meuron, Tate Modern, Londres: estos arquitectos compañeros desde la Escuela Politécnica de Zurich (ETH), donde se graduaron en 1975, fundaron su estudio en 1978, pero no fue hasta la década de los noventa cuando empezaron a despuntar.  Primero en 1995 ganaron el concurso internacional para convertir la central energética de Bankside en Londres, ubicada en la orilla sur del Támesis, en un nuevo centro cultural. Para este proyecto buscaron mejorar el carácter urbano, sin eliminar su forma, pero permitiendo que continúe siendo una pieza experimental en sí misma. La Tate Modern, desde su inauguración en el año 2000 es el museo de arte moderno más visitado, y desde ese momento la trayectoria de este estudio suizo despegó de manera considerable.

Rem Koolhaas, Embajada de Holanda en Berlín: este es el caso de un arquitecto que se ha labrado una gran reputación internacional como teórico. Fue con 53 años, en 1997 cuando ganó un concurso para construir la nueva embajada de Holanda en Berlín, que con la reunificación había recuperado la capitalidad política de Alemania. Tal y como él mismo indicó el proyecto no era espectacular en sí mismo, sino que era más modesto, severo, partiendo del concepto de que Holanda siempre ha sido un país pacífico. Un proyecto que en 2005 le proporcionó el prestigioso Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea “Mies van der Rohe” por su «estrecha relación con el entorno y su reconceptualización de la noción de embajada».


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