El museo del Mañana, de Santiago Calatrava, mejor destino cultural de Suramérica

El Museo del Mañana se ha consolidado como un símbolo de la recuperación urbanística de Puerto Maravilla, en el muelle de Mauá. La construcción del museo ha contribuido a dotar a esta zona de nuevas infraestructuras para convertir estaárea, anteriormente degradada, en uno de los barrios de mayor atractivo de Río de Janeiro.

Prueba de ello es que en sus primeros nueve meses de actividad, fue inaugurado en diciembre de 2015, el Museo del Mañana ya ha superado el millón de visitantes. Durante la celebración de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos celebrados en agosto y septiembre de este año, más de 200.000 personas visitaron el Museo del Mañana. En este periodo, se realizó una encuesta entre los asistentes que arrojó datos muy interesantes. De 2.640 encuestados, el 48% admitió que no están acostumbrados a visitar regularmente espacios e instalaciones culturales. El 12% de los encuestados nunca había entrado antes en un museo y el 21% no había visitado un museo desde hace más de un año.

Estos datos ponen de relieve que el Museo del Mañana no sólo es un referente dentro del panorama cultural, sino que ha sido capaz de atraer a un nuevo tipo de público que no suele acceder a esta clase de oferta de cultural. “Es un inmenso orgullo para un museo tan joven adjudicarse de tamaño reconocimiento. En poco más de nueve meses, el Museo del Mañana se ha convertido en una referencia mundial, atrayendo a una audiencia que se supera un millón de personas. Este premio corona el esfuerzo en ampliar el debate sobre los mañanas posibles y un futuro más prometedor para todos. Algo de que nos encanta hacer parte”, Ricardo Piquet, director presidente del Museo del Mañana.

El edificio, diseñado por el arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava, está inspirado en la vegetación del entorno y la cultura brasileña, e incorpora elementos de arquitectura sostenible que le permiten operar con fuentes renovables como la luz solar, gracias a la incorporación en su cubierta móvil de paneles fotovoltaicos que pueden ajustarse para optimizar elángulo de los rayos solares a lo largo del día y generar energía solar para el suministro del edificio. Asimismo, el edificio emplea el agua de la bahía para regular la temperatura del interior y para el suministro de los estanques que rodean el museo que, además de reflejar la estructura dotándola de mayor belleza, filtran el agua y la devuelven a la Bahía en una cascada al extremo norte de los jardines.

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