
Las Leonas es un jardín que ha culminado recientemente la firma de arquitectura paisajista mallorquina Jardins Tramuntana, en Santa Ponsa, un lugar idílico de la isla de Mallorca. Una arquitectura de los años 60, las impresionantes vistas al mar y a las Islas Malgrats, el viento salino y un bosque de pinos han marcado cada decisión en un proyecto de más de 7.000m2 de superficie, que empezó a diseñarse en 2021, se ejecutó entre 2024 y 2025, y ha completado este mismo año sus últimos ajustes. El objetivo no ha sido imponer un diseño sino acompañar al entorno para que el resultado final sea un diálogo coherente, y en plena conexión con la naturaleza y los clientes.
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ToggleOrigen y premisa
Todo empezó con una casa de los años 60, que había pertenecido durante décadas a una familia mallorquina hasta que, hace un lustro, cambió de manos. Sus nuevos propietarios encargaron una reforma integral (de la vivienda y del jardín) con una clara convicción: respetar la arquitectura original, desde la que naciera un paisaje nuevo, que no pareciera impostado sino que diera la sensación de que siempre hubiera pertenecido a él. Ese respeto por lo existente se convirtió en la primera regla del proyecto paisajístico para el equipo de Jardins Tramuntana.
“Es un sitio especial y haber formado parte de que este jardín vuelva a brillar como lo hiciera hace más de 50 años ha sido algo indescriptible, único. Nuestra inspiración ha sido el propio lugar, su arquitectura singular, muy distinta a las de las construcciones actuales que suelen repetirse en la costa mallorquina, y su panorámica. No hay mayor inspiración para nosotros que el propio entorno”, afirma Joan Nadal, fundador y CEO de Jardins Tramuntana.
Los clientes querían disfrutar de un jardín verde, muy mediterráneo, cargado de flores y de plantas, pero también con ciertos toques tropicales, así como de elementos estructurales que les hicieran disfrutar de su jardín al máximo y durante todo el año. El exterior debía ser una extensión más del interior. Pero diseñar frente al mar impone sus propias reglas: la cercanía a la costa obligaba a elegir vegetación capaz de resistir la salinidad y los fuertes vientos de invierno; y el bosque de pinos que cubre buena parte de la finca limitaba qué podía crecer bajo su sombra. Conciliar ambas cosas, la petición del cliente y las condiciones climatológicas y edafológicas del espacio, se convirtió en un verdadero reto paisajístico, que fue resolviéndose codo con codo con los propietarios, implicados en cada decisión y cada cambio a lo largo de toda la ejecución.

Un jardín de dos climas
El resultado es un jardín de dos climas. Frente al mar, donde la salinidad no perdona, domina la presencia mediterránea con lavandas, pitósporos, teucrium y westringias, que tejen una vegetación baja y resistente que cubre la gran explanada de césped orientada al horizonte. Los propietarios soñaban también con algún toque tropical, algo más complicado de cumplir a pie del acantilado. La solución fue hacer uso del patio interior y la zona de entrada, ambos protegidos del viento marino por la vivienda, que se convirtieron en el rincón perfecto para hacer prosperar alocasias, musáceas y estrelicias, plantas de origen tropical.
Como parte del diseño, se han conservado varias palmeras (Phoenix dactylifera) ya existentes en el jardín y se han añadido nuevos ejemplares. Tres olivos singulares (uno en la entrada, dos más en el jardín principal) actúan como verdaderas esculturas que se anclan visualmente en el conjunto. Ambas especies se convierten en testigos silenciosos de un paisaje que despliega toda una diversidad de texturas, colores y olores.

Elementos distintivos y estructurales
Los laterales de la finca cuentan con lagunarias y ficus, junto a pinos ya existentes, para ofrecer privacidad frente a las parcelas adyacentes. El jardín se recorre a través de un camino de tierra compactada que conecta sus distintos ambientes. Hay tres zonas de césped: una principal y amplia frente al mar; otra junto al acceso de coches; y una tercera, más pequeña, reservada para tumbarse en hamacas junto a la sauna. Entre las palmeras y los olivos se distribuyen tumbonas y mobiliario colgante que enriquecen el recorrido y hacen el jardín más amable. Estas piezas invitan a detenerse aquí o allá según el momento, permitiendo que cada uno encuentre su rincón favorito o aquel en el que mejor se sienta.
Una cocina exterior con terrazas de losas de piedra natural mira al mar y la zona de la piscina se viste con macetas de plantas seleccionadas para resistir el entorno. Un huerto ha sido creado y cultivado con el mismo cuidado que el resto del proyecto.
Las Leonas confirma la manera de entender el paisajismo de Jardins Tramuntana: proyectos que no se imponen al lugar, sino que aprenden de él, y que necesitan tiempo para que la naturaleza termine de dibujar el diseño.
“Ha sido un trabajo extendido en el tiempo, pero que ha merecido la pena. Es un jardín especial, en una ubicación extraordinaria, frente a un mirador con vistas exclusivas. El proyecto cumple con lo que pedían los clientes y, dentro de unos años, su belleza será aún más espectacular, porque un buen proyecto de paisajismo evoluciona con el tiempo: crece, madura y se embellece con el cuidado adecuado. Es una obra de arte vivo, y eso es precisamente el paisajismo que nosotros hacemos”, aseguran desde Jardins Tramuntana.
Datos del proyecto
Proyecto: Las Leonas / Ubicación: Santa Ponsa, Calvià (Mallorca) / Paisajismo: Jardins Tramuntana / Finalización: 2025-2026 / Arquitectura y promotora: Perlentaucher / Vegetación destacada: Pinus halepensis, Phoenix dactylifera, Olea europaea, Lagunaria, Teucrium, Westringia, Gaura, Stipa, Verbena, Pittosporum tobira ‘Nana’, Strelitzia, Musa, Nerium oleander.





