




La ciudad de Madrid cuenta desde ahora con un nuevo referente en arquitectura educativa. La Fundación Jiménez Díaz ha inaugurado su nueva Escuela de Enfermería FJD – UAM, ubicada en la calle Lisboa, número 3. Se trata de un innovador proyecto firmado por el estudio ENERO Arquitectura, que ha concebido un espacio a la altura de los retos que plantea la formación en ciencias de la salud en el siglo XXI.
Este nuevo centro, con una superficie total construida de 2.368 m², no solo amplía la capacidad formativa de la Fundación, sino que también impulsa la revitalización urbana de su entorno, al introducir un uso educativo estratégico en un barrio tradicionalmente residencial.
Tabla de contenido
ToggleUn diseño arquitectónico que articula función, identidad y entorno
El acceso al edificio se convierte en una poderosa declaración de intenciones. Una secuencia volumétrica compuesta por un cubo acristalado negro, una barra longitudinal y un cilindro translúcido da forma a un vestíbulo de doble altura, que funciona como antesala institucional. Este gesto arquitectónico otorga visibilidad a la escuela y mejora la orientación interna, al tiempo que proyecta una imagen contemporánea y rigurosa en el tejido urbano.
Partiendo de un local comercial fragmentado, el equipo de ENERO Arquitectura ha desarrollado una reorganización espacial profunda, que transforma una planta desarticulada en un edificio docente cohesionado, eficiente y acogedor. El resultado es un proyecto que aúna precisión técnica, sensibilidad espacial y funcionalidad adaptada a las nuevas pedagogías.
Un hospital en miniatura para el aprendizaje por simulación
Uno de los espacios más singulares del edificio se encuentra en el sótano: un área de simulación clínica avanzada concebida como un hospital en miniatura. Este entorno formativo incluye una UCI, quirófano, boxes de atención individual, paritorio y unidad de hospitalización materno-infantil, todos ellos equipados con tecnología médica real y sistemas de control desde cabinas de observación con vidrio unidireccional.
Los estudiantes entrenan con robots de última generación capaces de replicar situaciones clínicas reales, mientras el profesorado puede observar, interactuar y evaluar en tiempo real. Estas salas se complementan con espacios de debriefing, análisis audiovisual y discusión posterior, consolidando un enfoque inmersivo y riguroso en la formación de profesionales sanitarios.
Espacios docentes versátiles para metodologías activas
El corazón docente del edificio lo componen tres grandes aulas magnas, completamente reconfigurables mediante paneles móviles acústicos, que permiten dividir cada una en tres salas independientes. Esta solución espacial permite albergar hasta nueve aulas funcionales, adaptables a clases magistrales, talleres prácticos, seminarios o dinámicas grupales simultáneas.
Los materiales han sido seleccionados por su alto rendimiento técnico y su capacidad de generar confort: pavimentos vinílicos trenzados para amortiguar el sonido de pisadas, paneles aislantes troquelados en paramentos verticales, revestimientos en madera natural y sistemas acústicos suspendidos en techo para facilitar las instalaciones en un entorno con altura limitada.
Iluminación natural y calidad ambiental en contexto urbano denso
En un entorno sin posibilidad de abrir patios ni incorporar vegetación en suelo, el proyecto se apoya en estrategias pasivas y activas para garantizar el confort ambiental. Se ha maximizado la entrada de luz natural mediante superficies acristaladas, y destaca la apertura de un gran lucernario sobre la biblioteca del sótano, que permite mirar al cielo desde una planta completamente enterrada, aportando calidad sensorial y conexión con el exterior.
La fachada principal integra un muro cortina facetado con lamas acústicas, que garantiza privacidad, control solar y eficiencia térmica. Además, se ha incorporado un sistema de ventilación mecánica que asegura la calidad del aire interior en todos los espacios.
Educación como motor de regeneración urbana
Más allá de sus virtudes técnicas y espaciales, la implantación de este nuevo equipamiento sanitario ha tenido un efecto positivo en el barrio. La presencia diaria de estudiantes y personal docente ha dinamizado los locales comerciales del entorno, revitalizando la vida urbana. En un momento en que muchas ciudades enfrentan una pérdida de usos sociales en favor de modelos centrados en el ocio y el turismo, esta intervención demuestra que la arquitectura educativa puede actuar como agente de transformación urbana sostenible.
ENERO Arquitectura defiende así una visión donde los usos docentes no solo responden a una necesidad académica, sino que también aportan valor urbano, social y económico a las comunidades en las que se insertan.







