Cuando cien estudios se presentan a un concurso y uno gana, hay 99 que han perdido dinero y tiempo, pero no hay más remedio que participar…
Es la diferencia entre España y lo que ocurre en otros países centroeuropeos donde, en todos los concursos, se paga el trabajo desarrollado. Es un esfuerzo enorme que haces y que debe tener una cierta compensación. Aquí no. Aquí los concursos no se pagan, excepto los restringidos, y en algunos casos ya empieza a haber concursos restringidos que también han copiado este aspecto y no se remuneran. Hemos pensado, a veces, multiplicar el coste del tiempo, de las personas, y de los materiales que han trabajado por cada propuesta, y multiplicarla por el numero de concursantes. La cifra es sorprendente. Puede llegar a ser un 15% del coste del propio edificio. El valor económico de los arquitectos que participan en concurso es muy alto.
Atribuye a la juventud un papel protagonista en el desarrollo de algunos de sus proyectos. ¿Qué aspectos, buenos y malos, cree que la juventud otorga a un arquitecto?
Yo creo que tiene valores muy positivos. Aunque hemos oído esa frase de que hasta los 50 años uno no sabe cómo dominar las situaciones o no estás maduro para la arquitectura, la juventud te da una intensidad y una visión nueva que puede regenerar muchísimas ideas de la Arquitectura. Cuando llevas más tiempo en la profesión vas aprendiendo cuáles son los límites, como sortearlos, pero también ellos se convierten en un cierto peso negativo que te impiden repensar situaciones nuevas. Siendo joven, no te das cuenta de esas limitaciones. Todos los arquitectos que han sido importantes en la historia han vivido una juventud intensa en la que han indicado o construido las ideas que luego con el tiempo han terminado de construir toda su biografía. Cuando han llegado a esa edad madura, ya tienen la infraestructura que les permite desarrollar los conceptos, pero, la mayoría de sus ideas, de sus principales ideas, ya las tenían esbozadas en las primeras obras.




