La Terminal 4 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas cumple dos décadas consolidada como una de las obras más influyentes de la arquitectura dotacional contemporánea. Proyectada por Estudio Lamela junto a Richard Rogers, la infraestructura no solo transformó la experiencia aeroportuaria en España, sino que situó a Madrid en el mapa internacional de la arquitectura del siglo XXI. Desde su puesta en servicio el 5 de febrero de 2006, con el primer vuelo operativo hacia Barcelona, la T4 ha sido reconocida por su innovador enfoque espacial, su claridad funcional y su integración entre arquitectura e ingeniería. Premios como el Stirling Prize o el RIBA European Award avalan una obra que sigue siendo referencia global en el diseño de grandes infraestructuras públicas. Un icono urbano, técnico y cultural.

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ToggleUn proyecto clave para el gran hub del sur de Europa
El origen de la T4 se remonta a finales de los años noventa, cuando Aena impulsó la creación de un gran hub aeroportuario en el sur de Europa, capaz de articular conexiones intercontinentales, especialmente entre Europa y América Latina. El concurso internacional convocado en 1997 fue ganado por el equipo formado por Estudio Lamela y Richard Rogers Partnership, junto a las ingenierías Initec y TPS.

El proyecto apostó por una arquitectura modular, flexible y fácilmente ampliable, elevando la capacidad del aeropuerto hasta los 70 millones de pasajeros anuales. Su sistema constructivo, basado en grandes cubiertas onduladas, patios lineales de luz y una cuidada secuencia espacial, redefinió los estándares del diseño aeroportuario, priorizando la orientación del pasajero, la luz natural y la eficiencia operativa.
La ampliación de la T4: continuidad y evolución del modelo
En 2023, Aena adjudicó a la UTE formada por Estudio Lamela y AYESA Ingeniería la redacción del proyecto de ampliación de la T4, una intervención que mantiene intactos los principios conceptuales del diseño original. La actuación permitirá incrementar la capacidad del aeropuerto hasta un mínimo de 90 millones de pasajeros anuales, reforzando el papel de Madrid como hub intercontinental.
La ampliación refuerza aspectos clave como la integración paisajística, mediante infraestructuras secundarias que minimizan el impacto visual; el uso intensivo de luz natural, a través de los característicos “cañones” transversales; y la claridad espacial, con flujos jerarquizados y separación funcional de salidas y llegadas. El uso del color continúa siendo un elemento esencial para la orientación intuitiva del pasajero.

La flexibilidad del sistema arquitectónico permite incorporar nuevas fases sin perder coherencia formal ni eficiencia, una cualidad que ha garantizado la vigencia del proyecto durante veinte años. “La Terminal 4 nació como una infraestructura pensada para crecer con el tiempo”, señala Carlos Lamela, presidente ejecutivo de Estudio Lamela, subrayando la capacidad de la arquitectura para evolucionar sin perder identidad.
Sostenibilidad, energía y conectividad multimodal
La ampliación de la T4 se enmarca en la estrategia de transición energética y descarbonización de Aena, alineada con los objetivos de Net Zero Carbon. Entre las principales actuaciones destacan la sustitución de la cogeneración por nuevas centrales eléctricas, el apoyo del mayor campo fotovoltaico aeroportuario de Europa y la incorporación de infraestructuras de recarga eléctrica para flotas operativas y vehículos privados.
Asimismo, los edificios existentes están siendo certificados con el sello BREEAM, mientras que los nuevos desarrollos se proyectan ya con criterios de sostenibilidad avanzada. A nivel funcional, la T4 reforzará su papel como nodo intermodal, con la llegada de la Alta Velocidad ferroviaria, la ampliación de la línea 11 de Metro y la reorganización de accesos, aparcamientos y sistemas de drop-off.

Veinte años después de su inauguración, la Terminal 4 sigue siendo una referencia internacional. No en vano, medios como The Guardian la han destacado como una de las obras más relevantes de la arquitectura contemporánea, confirmando su condición de icono urbano, técnico y cultural.




