Escrito por PrE 2014, Proyectos de Edificación

Nueva Lonxa de Ribeira / DÍAZ Y DÍAZ ARQUITECTOS + ESTUDIO CÉSAR PORTELA

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La Villa de Ribeira, nace en las proximidades del borde litoral, protegida de los fuertes temporales de viento y de la lluvia gracias a una lengua de tierra, creando una rada que posibilita el abrigo y el fondeo de barcos, lo que genera un puerto natural, que con el tiempo, dio paso a la construcción del puerto artificial: El Puerto.

La Ciudad sufre variaciones de tamaño, orden o límites, dependiendo de la época y esto también influye en El Puerto.

La ciudad y el puerto se comportan como entes vivos y dinámicos, y en ese necesario crecimiento, que experimenta todo ente vital, el puerto avanza de manera inexorable hacia el mar, buscando la ampliación de sus muelles y un mayor calado para sus barcos, tratando de ampliar o remodelar sus espacios para dar cabida a nuevas necesidades.

En este continuo reajuste de funciones, además de límites, que obliga a remodelar los espacios anteriores, se rellenan y ganan nuevos espacios al mar, necesarios para el puerto, mientras que otros se vacían de sus funciones anteriores y ofrecen nuevas alternativas, que serán aprovechadas para nuevos usos. Con ello, se produce un desplazamiento inexorable de la tierra hacia el mar, detalle del que pueden beneficiarse mutuamente El Puerto y La Ciudad. Así pues, ser á en esta área portuaria en la que se pretende la ubicación de la Nueva Lonxa de Ribeira.

Este nuevo edificio, está llamado a ser un monumento por su función, por su significado,… y por su localización, haciéndose su propio sitio en el Puerto. Todo monumento, sin necesidad de salirse de su sitio, está obligado a incidir en el entorno, a crear su propio territorio. Y, al igual que toda Ópera necesita su plaza de la Ópera, y todo Palacio sus jardines de Palacio…, la Nueva Lonxa de Ribeira tiene que ubicarse en su sitio, crearse su entorno, construirse su propia y singular monumentalidad, rodearse de plazas, de vacíos a su alrededor, que le confieran ese halo mágico que envuelve a todo lo singular y que acaba formando parte indisoluble de él. Del mismo modo, debe conquistar su territorio, hacerse presente, asomarse al exterior, ganar la orilla y reafirmar su presencia en la Ría, a la que se asoma, en tanto que genera a su protección ese otro factor imprescindible para la ciudad, quizás el más importante, el más emblemático, el más social, el espacio de todos: el espacio público.

Con todo ello, se construir á su propio orden, que no debe ser el de la Ciudad ni tampoco el del Puerto, pero sí uno capaz de servir de nexo entre ambos, complementándolos y enriqueciéndolos, a uno y a otro, con su presencia, sin perder un ápice de funcionalidad, sino todo lo contrario.

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