
No es solo una ampliación. Es una operación urbana que redefine la relación entre un hospital, el mar y la ciudad de Barcelona. PINEARQ y Brullet de Luna i Associats tenían un reto mayúsculo: crecer en uno de los enclaves más complejos de la ciudad, atrapado entre el Paseo Marítimo, la Ronda Litoral y las vías del tren, sin perder ni un gramo de humanidad en el proceso. El resultado son 80.000 m² donde la luz natural entra por patios, las cubiertas florecen sobre el mar, la madera calienta las fachadas y el paciente nunca se siente en un laboratorio. Un hospital que reduce un 41 % sus emisiones de CO₂, que nació de 300 aportaciones de pacientes y profesionales, y que incorpora tecnología 5G, robótica y un gemelo digital sin renunciar a la escala humana. Albert de Pineda lo resume mejor que nadie: «Un hospital que se construye hoy tiene que poder albergar usos que todavía no conocemos». Descúbrelo en el número 209 de Proarquitectura.




