
El proyecto de 38 viviendas sociales en el barrio de La Olivera, en Palma de Mallorca, promovido por el IBAVI (Institut Balear de l’Habitatge), responde a la necesidad de vivienda asequible mediante un modelo constructivo sostenible, vinculado al territorio y basado en el uso de recursos locales. Diseñado en 2020 y finalizado en 2024, el conjunto explora nuevas posibilidades para integrar materiales tradicionales y sistemas constructivos contemporáneos.
La propuesta parte de tres objetivos: reducir el impacto ambiental de la construcción, optimizar los procesos mediante la industrialización y recuperar materiales y técnicas propias de la tradición local. La tierra se convierte en el elemento central del proyecto, utilizada en forma de bloques prefabricados de tierra comprimida, fabricados en Mallorca a partir de tierras excavadas que, de otro modo, se convertirían en residuos.
El conjunto se organiza en dos edificios residenciales que definen espacios comunes y se integran en la escala del barrio. Una estructura racional y repetitiva facilita la eficiencia constructiva y permite flexibilidad en la distribución de las viviendas. Los espacios interiores favorecen la entrada de luz natural y la ventilación cruzada, mientras que las galerías de la fachada suroeste actúan como espacios intermedios que protegen del soleamiento, mejoran el confort térmico y fomentan las relaciones entre vecinos.
La tierra define tanto la expresión arquitectónica como el comportamiento ambiental de los edificios. Los bloques aportan inercia térmica, contribuyen a estabilizar la temperatura interior y ayudan a reducir la demanda de refrigeración durante los meses cálidos. Además, favorecen la regulación natural de la humedad y permiten disminuir las emisiones de carbono incorporadas en comparación con los sistemas convencionales de albañilería.
Fabricados por FetdeTerra, los bloques no contienen cemento, cal ni otros estabilizantes químicos. Su producción se basa en la selección de la tierra y su compactación mecánica. La envolvente incorpora una doble hoja de bloques con aislamiento térmico en la cámara intermedia, mientras que una estructura de madera sostiene los forjados y la cubierta.
Con una superficie construida de 2.370 m², el proyecto demuestra que la tierra puede ser un material viable para la vivienda colectiva contemporánea, combinando eficiencia, calidad arquitectónica y reducción del impacto ambiental. La propuesta recupera conocimientos constructivos tradicionales y refuerza las cadenas de producción locales, contribuyendo a un modelo de arquitectura más circular y responsable.
Reconocido con el Premio MATERI-AL 2025 y seleccionado para los Premios de Arquitectura Española 2026, el proyecto pone de manifiesto el potencial de los materiales locales para transformar la vivienda pública y avanzar hacia una construcción de bajo impacto ambiental, arraigada al territorio y comprometida con las necesidades sociales.




