Hoy en día, la resistencia al agua del laminado se evalúa mediante un ensayo de inmersión. Para ello, se sumergen en agua planchas de muestra del suelo laminado y luego se mide su grado de hinchazón. Sin embargo, este método tiene un problema: «Sólo examina la resistencia al agua de las planchas por separado, no la del suelo instalado en su conjunto», explica Jasper De Jaeger, director de Servicios Técnicos de UNILIN. «Ese es el motivo por el que hemos desarrollado nuestros propios ensayos, que son más precisos, estrictos y, sobre todo, representativos de las situaciones de la vida real».
El sector de los suelos todavía no cuenta con un estándar aceptado de forma generalizada para las pruebas de resistencia al agua de los suelos flotantes. Si bien habitualmente para medir este factor en suelos laminados se usa el ensayo de inmersión, se están poniendo sobre la mesa propuestas de nuevos criterios. «Las únicas pruebas relevantes son las que se realizan después de la instalación», aclara Jasper. «Sólo se puede hablar verdaderamente de un suelo laminado resistente al agua si se demuestra su impermeabilidad una vez instalado, con sus juntas, biseles, perímetros, etc.».
En su proceso de innovación continua, UNILIN ha desarrollado sus propias pruebas de estanqueidad para garantizar que los suelos laminados sean realmente a prueba de agua. «Después de amplias investigaciones y experiencias, hemos desarrollado tres tipos de análisis para evaluar un suelo laminado instalado: una prueba con fregonas, una con cilindros de agua y una en condiciones reales», explica Jasper. «De esta manera, examinamos nuestros productos de una forma relevante, estandarizada y sistemática».
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ToggleLas implacables fregonas
Una forma de examinar si un suelo laminado instalado es estanco o no, es realizando la prueba de las fregonas. Jasper: «Este ensayo de laboratorio consiste en cubrir el suelo, una vez instalado, con fregonas mojadas y dejarlo así durante 14 horas. No utilizamos agua sola, sino que le añadimos jabón. Esto hace que la prueba sea más severa, ya que el jabón reduce la tensión superficial del agua. A continuación, evaluamos el suelo. ¿Se ha infiltrado agua por las juntas?
¿Hay algún daño en la superficie o alguna hinchazón? Inspeccionamos, medimos y así sabemos si el suelo ha superado o no la prueba. Una vez que el suelo ha estado expuesto al agua durante 24 horas, también realizamos un ensayo con una silla con ruedas y volvemos a comprobar la estanqueidad».
Que no se cuele nada
Un control igual de estricto, si no más, de la resistencia al agua de un suelo es la prueba con cilindros de agua. «Colocamos un cilindro en la T que forman las conexiones de las planchas del suelo instalado, lo llenamos de agua y jabón y con ello se evalúan los biseles y la calidad de la instalación», continúa Jasper. «Pasadas 4, 12 o incluso 24 horas, se examina y se mide la hinchazón. Hasta ahora, nunca hemos visto una dilatación de más de 0,05 mm. Además, se analiza la permeabilidad de todos los puntos de contacto. Y también realizamos la prueba con otros líquidos, como vino u orina de mascotas, pero nuestros suelos siguen teniendo un resultado igual de bueno».
Siempre con el usuario real en mente
El ensayo de UNILIN en condiciones reales se llevó a cabo para probar los suelos en situaciones como las del mundo real: una lavadora que pierde agua, una bebida derramada, un cachorro que orina en el suelo, etc.
«Los análisis como el ensayo de inmersión estándar no son relevantes para el consumidor final porque no examinan suelos instalados en circunstancias de la vida real», señala Jasper. «Nuestra prueba en condiciones reales sí lo hace.¿Qué pasa si uno está bañando a un niño que no para de salpicar agua? ¿O si tiras accidentalmente un jarrón ?UNILIN somete sus suelos a todas estas situaciones y muchas más. Así, nuestros clientes pueden tener la certeza de haber elegido un suelo laminado a prueba de agua».




