El creciente deseo del hombre por realizar edificios cada vez más altos, se ve favorecido por el uso de materiales modernos como el acero y el hormigón armado. Gracias a ellos, pudieron realizarse profundas cimentaciones y estructuras que permitieron soportar tanto el peso propio como solicitaciones de toda índole, asegurando adecuadamente la resistencia, la rigidez y la estabilidad.
A medida que la construcción comienza a crecer en altura, el volumen comienza a ganar en esbeltez (las dimensiones en planta suelen estar limitadas), y las acciones horizontales comienzan a dominar sobre las gravitatorias, con lo que la estructura paulatinamente abandona el modelo de sólido de compresión para adquirir el de un verdadero voladizo empotrado en el suelo.
El edificio de 10 plantas y 42 metros de altura llamado Home Insurance Building de Chicago, finalizado en 1885 y demolido en 1931, ha sido considerado como el primer rascacielos de la Historia. Su autor descubrió que, con una esbelta estructura de acero, se podía erigir un armazón estructural portante tan válido como los gruesos muros pétreos. Así fue el primer edificio alto en ser sustentado por pilares verticales y vigas horizontales de acero, cuya estructura pesaba sólo una tercera parte que el equivalente en albañilería necesario para hacer otro edificio de idéntica altura a la manera tradicional. De esta manera, el cerramiento exterior de ladrillo quedaba convertido en una piel que protegía al interior de las inclemencias del tiempo, por lo que fue el primer edificio alto en poder contar con múltiples vanos.




