En 2001, el Ministerio de Fomento aprobó el Plan Director del Aeropuerto de Barcelona-El Prat, con el fin de adaptar uno de los más importantes centros aeroportuarios al papel de España en el contexto aéreo y turístico internacional, así como por su posición geográfica estratégica entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre Europa y América. La ampliación propuesta se desarrolla en dos fases: la T1 (con un coste de 1.285 millones de euros) y el Satélite –actualmente en marcha-, a las que se incorporan varias actuaciones más, como la creación de la tercera pista, la construcción de los aparcamientos de vehículos, la conexión por carretera entre instalaciones, la nueva torre de control, la zona de estacionamiento de aeronaves o los accesos a la nueva terminal. Esta actuación, que ya ha generado alrededor de 4.000 nuevos puestos de trabajo (el mismo número de personas que han ayudado a construir la terminal), ha duplicado la capacidad de la terminal original, diseñada también por Ricardo Bofill. La T1 albergará a las compañías aéreas y grupos de aerolíneas de mayor peso relegando a otras empresas a las antiguas terminales, ahora T2.




