








En el corazón del Valle de Oma, un enclave natural protegido por la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, se alza un caserío bifamiliar con más de tres siglos de historia que ha sido recientemente rehabilitado para adaptarse a las exigencias del siglo XXI. La intervención, liderada por el estudio BAT, no solo representa un ejemplo riguroso de arquitectura sostenible, sino también un gesto respetuoso hacia la memoria viva del entorno rural vasco.
Tabla de contenido
ToggleArquitectura vernácula y eficiencia energética: un equilibrio posible
El proyecto, denominado OMA Baserria, se centra en la rehabilitación integral de una de las dos viviendas del caserío original, un exponente de la arquitectura vernácula vasca caracterizado por su construcción simétrica, sus gruesos muros de piedra y su estructura de madera maciza. El reto principal era doble: mantener la identidad histórica del edificio y, al mismo tiempo, introducir mejoras funcionales, térmicas y espaciales acordes con los estándares actuales de habitabilidad.
Uno de los pilares de esta intervención ha sido la sostenibilidad. Se ha apostado por materiales autóctonos y técnicas tradicionales que reducen el impacto ambiental, como el uso de madera local de roble y pino, almacenada durante décadas en el propio caserío. Las estructuras más dañadas fueron sustituidas por elementos de similares características, respetando así el ADN constructivo del edificio. También se restauraron las fachadas de mampostería y los característicos recercados de piedra caliza rosa de Ereño, una seña de identidad geológica de la zona.
Una nueva mirada al paisaje: luz, espacio y conexión visual
El gesto más contemporáneo de la intervención se ubica en la fachada lateral, donde se ha abierto un gran ventanal de 3,20 × 4,30 metros que transforma radicalmente la relación entre el caserío y su entorno. Esta nueva apertura, que da paso a una doble altura en el salón principal, permite que la luz natural inunde el interior y ofrece una vista panorámica del icónico Bosque de Oma.
Lejos de tratarse de una ruptura con el pasado, esta solución arquitectónica representa una reinterpretación contemporánea del baserri, rompiendo con la habitual opacidad de las construcciones rurales sin alterar su esencia. El resultado es una vivienda que se abre al paisaje, al clima y a la experiencia de habitar de forma más consciente y conectada con el entorno.
Interiorismo sobrio, cálido y funcional
En el interior, el diseño apuesta por la sobriedad, el confort y la integración de elementos tradicionales con soluciones actuales. Las paredes de piedra conviven con acabados en tonos claros y maderas naturales, generando un contraste visual que amplifica la luz y aporta calidez. Entre las mejoras introducidas destacan el sistema de suelo radiante, la renovación completa de las instalaciones y una envolvente térmica optimizada que mejora notablemente el comportamiento energético de la vivienda.
Este equilibrio entre tradición y tecnología se refleja también en los detalles: carpinterías de madera maciza, texturas naturales y una distribución espacial que respeta la lógica constructiva original. Cada decisión responde a una doble lógica: preservar y proyectar, restaurar sin disimular, habitar sin desarraigar.
“Esta renovación traza un diálogo sutil entre herencia y contemporaneidad. Un ejemplo de cómo la arquitectura puede custodiar la memoria y, al mismo tiempo, abrirse a lo que está por venir.”, Peru Cañada, socio fundador de BAT
Un modelo de rehabilitación sostenible para el patrimonio rural
Más allá de su valor arquitectónico, OMA Baserria se presenta como un modelo replicable de intervención sostenible en el patrimonio rural. En un momento en que la despoblación y el abandono amenazan muchas construcciones tradicionales, este proyecto demuestra que es posible revitalizar la arquitectura popular desde una mirada contemporánea, sin caer en la mímesis ni en la demolición.
La iniciativa también pone de relieve la importancia de intervenir con sensibilidad en entornos protegidos como la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, donde el equilibrio entre naturaleza, cultura y arquitectura resulta esencial. Preservar la identidad de los lugares, adaptarlos al presente y garantizar su continuidad en el tiempo son los grandes desafíos de la arquitectura del siglo XXI. Y proyectos como este demuestran que ese futuro puede construirse desde el respeto, la innovación y el compromiso con la tierra.




