
Hubo un tiempo en que el aire acondicionado era el invitado incómodo de la arquitectura: necesario, pero escondido en falsos techos, disimulado tras rejillas y resuelto casi siempre cuando el proyecto ya estaba cerrado. Un sistema que llegaba tarde y se notaba poco, o demasiado.
Hoy, la climatización entra por la puerta principal. Se sienta en la mesa desde el primer boceto, dialoga con la orientación del edificio, negocia con la envolvente y forma parte de decisiones que antes eran exclusivamente arquitectónicas. Ya no compensa los errores del diseño: los anticipa. Ya no se oculta: se integra.
Detrás de este cambio hay fuerzas que van mucho más allá de la tecnología: una nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética que aprieta, una pandemia que nos hizo mirar el aire que respiramos con otros ojos, y usuarios que ya no se conforman con una temperatura correcta si el ambiente no es saludable.
¿Qué significa todo esto para arquitectos, ingenieros y promotores? ¿Cómo están respondiendo las grandes marcas del sector? ¿Y qué papel juegan la inteligencia artificial, el mantenimiento predictivo o la calidad del aire interior en el edificio contemporáneo?
Las respuestas, en este reportaje.




