La familia Couder encargó a Cervera & Pioz la creación de un icono arquitectónico que habría de ser referencia del tenis, y que a su vez, mantuviese vivo el recuerdo del prestigioso tenista Juan Manuel Couder. El resultado es un volumen flotante anclado al terreno mediante un muro de acero que divide y une el edificio: un generador de sombras, confort y control climático dejado caer de forma consciente. Voladizos que forman terrazas para los espectadores, materiales reciclados una y otra vez, y una llamativa imagen se unen para dar sentido a esta obra.
El 18 de mayo de 1999, Juan Manuel Couder fallecía tras padecer durante años un cáncer, que anteriormente ya le había retirado de su actividad deportiva más querida. Nacido en Valladolid en 1934, había sido cuatro veces campeón individual de España de tenis en la categoría absoluta, la primera de ellas dando la sorpresa a su 19 años. Era el primero de sus títulos y permitía al país, gracias a su manejo de la raqueta, recuperar la pasión por este deporte que casi había desaparecido del panorama después de la Guerra Civil. Un año más tarde, el equipo español le seleccionaba para participar en la Copa Davis, uno de los torneos más prestigiosos del mundo. De este equipo nacional, Couder llegaría a ser capitán tras mantenerse desde el 56 al 65 en el equipo. Con él la selección española de tenis llegaba a participar en su primera final de la Copa Davis, un acontecimiento mediante el que Couder y sus compañeros pasarían a la historia del tenis nacional. Sus años de gloria quedaban relegados con el nacimiento de nuevas estrellas de este deporte, como Manolo Santana o Andrés Gimeno. Una vez retirado de la competición, Couder siguió ligado al mundo del tenis: además de ser el propietario de una empresa constructora de instalaciones deportivas, impartía clases en varios clubes.




