“La arquitectura no debería imponerse al lugar, sino aprender de él”. Esta idea, compartida por varias generaciones de arquitectos que entienden la disciplina como una forma de diálogo con lo existente, está en el origen de “Casa sobre un zócalo de ladrillo”, un proyecto desarrollado por Ágora Arquitectura en Sant Vicenç dels Horts (Barcelona, España). Un planteamiento que conecta con la mirada que promueven los APE Grupo Architecture Awards, al reconocer obras que entienden la arquitectura y la cerámica como herramientas al servicio de una manera de habitar.

“Cada proyecto empieza con una lectura muy atenta del enclave”, explican sus arquitectos José Luis Cisneros y Joan Casals. “El emplazamiento, lo preexistente, la materialidad y, todo lo que somos capaces de reconocer mirando el lugar, acaban marcando la manera en la que actuamos. Antes de proyectar, recogemos todos estas ideas, y a partir de ahí damos forma a la arquitectura”.
La vivienda se desarrolla sobre una parcela con dos niveles claramente diferenciados, situada en un entorno residencial a unos veinte kilómetros de la capital barcelonesa. Dos pequeñas construcciones en desuso —una antigua caseta de herramientas y una edificación en ruinas— se convierten en el punto de partida. La intervención da lugar a una vivienda unifamiliar organizada en dos plantas, con una clara relación entre el terreno existente y sus viejas formas de habitar.
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ToggleEl ladrillo, un material propio del lugar
La vivienda se organiza a partir de un zócalo de ladrillo que contiene el terreno y define la base del proyecto, sobre el que se apoya una estructura superior más ligera. “Utilizamos el ladrillo porque es un material propio de la zona y conecta directamente con la materialidad arcillosa del terreno”, explican los arquitectos, subrayando una lógica constructiva que arranca desde lo existente. Sobre esta base, el proyecto plantea “un equilibrio consciente entre artesanía y prefabricación”, estableciendo una relación precisa entre un sistema pesado, ligado a la tierra, y una caja superior más liviana de madera contralaminada (CLT).

La planta superior alberga los usos principales: dos dormitorios conectados por un tabique-estantería, un baño iluminado cenitalmente y un espacio flexible de salón y cocina que se abre hacia el comedor. La planta inferior, en contacto directo con el terreno, acoge una segunda sala de estar, una habitación adicional, un baño y las áreas de servicio, organizadas en torno a un muro estructural.
La cerámica como vínculo entre luz y habitar
La cerámica aparece en el interior de la vivienda asociada a los espacios más íntimos y en relación con la luz natural. En el baño, una cerámica esmaltada en tonos azules establece una relación directa con la luz y el exterior. “Buscábamos una conexión con el cielo, armonía y continuidad”, explican. “El color no pretende ser protagonista, sino mimetizarse con la luz que entra desde la cubierta y vincula ese espacio con el exterior”.

Esta forma de construir responde a una manera muy concreta de entender los materiales. “Nos interesan los materiales constructivos que funcionan directamente como acabado. Materiales fieles a lo que son”, explican. “Nos gusta la cerámica en formatos y acabados sencillos. Usarla desde una lógica de austeridad, y desde la búsqueda de resultados que pueden ser muy precisos”.
La relación con la calle se resuelve con la continuidad del mismo zócalo que construye la contención. Un muro de ladrillo calado y una puerta de doble apertura filtran las vistas hacia el interior, evitando una exposición directa de la vida doméstica. El acceso se plantea como una secuencia pausada que introduce progresivamente en la vivienda y refuerza la transición entre exterior e interior.

Más allá de la solución concreta, el proyecto responde a una forma de entender la arquitectura desde la responsabilidad. “Intentamos que el proyecto trascienda nuestros propios límites de intervención y aporte algo más allá del objeto construido. Que tenga sensibilidad con lo que existe alrededor y sea capaz de respetar tanto lo individual como lo común”, explican desde el estudio.
Fotos: José Hevia




