
Durante décadas, la ventana fue simplemente el hueco en la fachada: dejaba pasar la luz, el aire y enmarcaba el paisaje. Esa definición ya no se sostiene. Como señalan desde Deceuninck, hoy la carpintería exterior debe responder a exigencias de aislamiento térmico y acústico, estanqueidad, control solar, seguridad y eficiencia energética que convierten la elección de una ventana en una decisión técnica de primer orden y, cada vez más, en una decisión de diseño.
El reportaje recoge la visión de los principales fabricantes del sector: PVC, aluminio y madera tienen perfiles de prestaciones distintos y ninguno es universalmente superior. “No existe un material universalmente mejor; existe una solución más adecuada para cada proyecto”, resume Strugal. El aluminio destaca por su resistencia y sus posibilidades de superficies acristaladas de gran formato con perfiles muy esbeltos; el PVC lidera en aislamiento y bajo mantenimiento; la madera aporta calidez térmica y valor estético, aunque exige más cuidados. A estas tres opciones se suman soluciones mixtas que buscan aprovechar las ventajas de cada material.
Pero más allá del perfil, el reportaje subraya que el acristalamiento concentra en torno al 80 % de la superficie del hueco y condiciona de forma decisiva el comportamiento energético final de la ventana. Los avances en vidrio multicapa con gas argón, tratamientos de baja emisividad y láminas de control solar están convirtiendo el vidrio en el componente más determinante de una carpintería que ya no se diseña sola, sino integrada desde el inicio del proyecto.




