Hoy manda en el mercado la puerta lisa, aderezada con grecas, pantografiados, incrustaciones metálicas y combinaciones de chapas, de distintas especies y también con diferentes orientaciones de la veta.
En su interior, domina aún hoy el tablero aglomerado, magnífico material que vino a revolucionar en los setenta las industrias del mueble y de la puerta. Afuera, bellas y variadas especies de madera adornan, en infinitas disposiciones y combinaciones el vistoso acabado final del producto: fresno, haya vaporizada, por supuesto roble, cerezo, cedro, iroko, mukaly, nogal, etimoe, wengé y, por siempre, el pino, entre otras muchas maderas, revisten un alma cada vez más compleja y técnica, debido a las progresivas exigencias de aislamiento y resistencia que imponen las normas sobre construcción vigentes. Quienes miran un poco más allá empiezan a percibir que tal vez, no muy lejos en el tiempo, empecemos a ver más y más puertas recubiertas con chapas sintéticas, que serán capaces de preservar la homogeneidad en el aspecto exterior de la puerta y, además, de nuevo multiplicarán las posibilidades del diseño.
Conviven con las citadas posibilidades las puertas lacadas y pantografiadas sobre MDF. Emergen tímidamente las
solapadas, más frecuentes allende nuestras fronteras, y recorren el final de su largo ciclo las plafonadas o carpinteras.




